Cuando el mundo se automatiza, lo humano se convierte
en ventaja competitiva.
La cabra tira al monte, en la vida, en la escuela y en la empresa.
Hace poco trabajé con una sucursal eléctrica que en solo dieciocho meses había movido de puesto al 80 % de su plantilla.
Una revolución.
Y ahí lo ves clarísimo: quien está demasiado pegado al yo sé lleva fatal el no sé que implica todo cambio.
Y cuando eso pasa, se nota.
El movimiento se frena. A veces porque alguien pone el pie; otras, simplemente, porque el miedo hace de ancla.
Y no hablo solo de procedimientos técnicos.
Hablo de algo más profundo: de la dificultad de escuchar en lugar de soltar el discurso de siempre, de preguntar antes de sentenciar, de abrir espacio al aprendizaje en lugar de atrincherarse en la certeza.
Lo curioso es que esto no pasa solo en las empresas.
También lo veo en los colegios, trabajando con niños y adolescentes.
El miedo al error empieza pronto.
Empieza cuando la escuela enseña que equivocarse es perder puntos,
y no ganar comprensión.
Cuando se premia la respuesta y no la reflexión.
Ahí nace la educastración: ese proceso invisible que va domesticando la curiosidad hasta dejarla en cautividad.
Y lo más paradójico es que quienes más podrían romper ese molde —los docentes— muchas veces son los que más lo refuerzan.
No por incapacidad, sino por miedo.
Porque replantearse el propio método les tambalea la identidad profesional
Han repetido tanto el mismo sistema que solo de pensar en cuestionarlo a algunos les entra urticaria pedagógica.
Eso no es mentalidad de aprendizaje; eso es una mentalidad fija disfrazada de experiencia.
Muchos me dicen: “Claro, en la empresa/escuela se resisten porque la formación es obligatoria.”
No.
También se resisten sin quererlo, los que pagan cada euro por formarse en mis cursos.
Se asustan, se bloquean y entran en ese delirio egocentrico que dice: Mi valor son mis resultados.
La rigidez mental no distingue entre nómina o factura.
Aprender a aprender no es un concepto bonito.
Es supervivencia personal y profesional.
Es el músculo que decide si te expandes o te apagas.
No soy de enseñar teorías.
Diseño experiencias de aprendizaje para cuando el manual ya no sirve,
(o la IA hace lo que tu hacías o pretendías hacer).
Después de más de veinte años acompañando a profesionales, docentes y niños, he visto lo mismo en todos los contextos:
la inteligencia no está en lo que sabes,
sino en cómo te permites seguir aprendiendo, adaptándote, expandiendo tus límites.
Y eso es lo que hago.
Entreno ese tipo de inteligencia que las máquinas no pueden replicar.
Porque cuando el mundo se automatiza,
aprender a aprender deja de ser una opción.
Se convierte en ventaja evolutiva.
¿Cómo lo hago?
Conferencias y experiencias de aprendizaje
Desarrollo de productos
de educativos
Entrenamiento Human Skills en la era de la IA

Y también lo hago a la antigua usanza, escribiendo.
Libros y emails que no buscan gustar, buscan despertar.
Porque leer —y escribir— no es solo una forma de comunicarnos:
es una forma de evolucionar.
Cada palabra puede abrir una puerta que antes ni siquiera sabías que existía.
Da igual si es un libro o un email,
lo importante es lo que pasa después de leerlo:
algo se mueve, algo cambia, te expandes.
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Creo en el micro aprendizaje constante. Una buena lectura breve y consciente, que baja a tierra lo cotidiano humASNO, da perspectiva y herramientas, es sin duda microaprendizaje.
Esa es la razón por la que escribo personalmente mis emails cada semana, para tí y para mi.
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Loguitis y titulitis, poco te van a decir de cómo trabajo,
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